21 abril 2007

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No.
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No te vayas a dormir todavía.
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Quedate.
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Tal vez, sea la última oportunidad…
De barrer con tus pretéritos.
De sacarle brillo a ese corazón hecho adoquín…
De justificar que ese cuerpo ya dejó de ser roca cubierta de piel;
Que sí,
Que sos (somos) piel y huesos…
Pero qué piel…
Y qué huesos…
¿Ves?
Esos últimos fueron latidos, casi galope,
¿Ves?
No menguaron con el correr de las horas…
Todavía no murió. Sigue ahí. Seguilo usando.
Seguí bombeando.
¿Ves?
¿Ves que no estaba tan dormido, ni tan dañado, ni tan hecho pedazos?
Tal vez no sea…
Tal vez sea…
Tal vez intente tan sólo; pretenda ser…
Quién sabe…
Quizás la sangre coagulada no haya logrado hacer demasiado frágiles tus venas…
Quizás, no te vayas a quebrar ante un mal movimiento…
Quizás todavía no te hayas hecho de hielo o de cristal.
Quizás sea cuestión de calor.
Quizás no haya que esperar lo mediocre.
Quizás no lo haya…
.
Quedate.
.
No te vayas a dormir todavía.
.
No.


17 abril 2007

Graffitis en el muro

"Tenemos, pues, el plano del espejo, el mundo simétrico de los ego y de los otros homogeneos. De él debe distinguirse otro plano, que llamaremos el muro del lenguaje.
El lenguaje sirve tanto para fundarnos en el otro como para impedirnos parcialmente comprenderlo.
El sujeto no sabe lo que dice, y por las mejores razones, porque no sabe lo que es."
*Jacques Lacan*
[...]
Sabemos que existen personas, objetos, ideas, pero este conocimiento solo es aprehensible por medio del lenguaje que hace las veces de mediador, introduciendo al simbolo como creador de la realidad propiamente humana, y despojando al sujeto de una relación "instintiva" o "natural" con el mundo. El simbolo se manifiesta en primer lugar como asesinato de la cosa, con lo que el lenguaje establece un ordenamiento de la experiencia humana que Lacan denominó como Orden Simbólico y que, anudado a lo imaginario y lo real, conforma la estructura subjetiva del hombre.
El hombre se encuentra apresado por el lenguaje, rodeado por las paredes del muro (del que, en el caso más favorable, nunca saldrá), aunque no por esto es un ser pasivo: Tambien habla y su discurso muchas veces lo desconcierta: No entiende lo que dice, le extrañan sus sueños, dice más (o menos) de lo que quiere decir, Verdaderos Graffitis Del Discurso...

01 abril 2007

Marelle

*Crevel desconfía y lo comprendo. Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos y llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta de pie. Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impuso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en perjuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos. *